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Emma Watson cumplió treinta en medio de una pandemia

El mundo está en una pandemia, en una de sus crisis sanitarias más fuertes desde la peste bubónica. Y claro que han existido otras pandemias, como la gripe española en 1918 o incluso el ébola en 2014, ¿qué es lo que hace tan diferente al COVID-19? Bueno, pues que ha conseguido parar el mundo. Millones de personas se han quedado en casa para tratar de prevenir una picada en la curva de contagios de sus respectivos países. Se dicen muchas cosas sobre la enfermedad: que es una invención de los gobiernos para controlar a la sociedad; que el mundo no está preparado para enfrentar esta crisis sanitaria; que nuestros sistemas económicos van a colapsar; que es un virus que la Tierra desarrolló para deshacerse de la plaga en la que nos convertimos; que el encierro masivo de las sociedades humanas no tiene precedentes... En fin, noticias y teorías conspiradoras sobran. La única realidad es que está muriendo gente de COVID-19, o, como le llaman en México para los pobres, de neumonía atípica.

No es que no piense en eso, pienso mucho en eso, en lo mucho que va a durar la cuarentena, en cómo se van a poner las cosas a futuro, cuándo podré ver a mi familia, quiénes de mis seres queridos podrían salir afectados, esto cómo va afectar económicamente a mi familia, qué seguirá para nosotros como sociedad después de esta pandemia. Las preguntas son muchas, las respuestas son escasas, pobres o inexistentes. Nadie sabe con certeza qué es lo que se viene, qué sigue, cómo controlamos esta situación, a dónde vamos... Es un misterio sin precedentes, quizás sólo comparable con el de la peste bubónica, donde colapsaron los sistemas políticos, económicos y sociales de la Europa medieval. Se recuperaron, por supuesto; y si la libramos, eventualmente nos recuperaremos, gradualmente, poco a poco. Y no hablo sólo de recuperar nuestra economía y nuestra salud, hablo también de recuperar nuestra moral, de reanimarnos, de aprender a vivir en el nuevo mundo que se va a forjar.

Porque pareciera apocalíptico, de película de Hollywood, sin embargo, es casi ley que la realidad supera a la ficción. Esta debe ser nuestra primera llamada de atención como seres humanos. ¿Qué estamos haciendo? ¿A qué le estamos dando atención y a qué deberíamos darle atención? Fue algo triste y doloroso, y quedará marcado en la historia de Estados Unidos, la decisión de congelar los fondos que su Gobierno aporta a la Organización Mundial de la Salud (OMS). Precisamente en estos momentos críticos que es cuando más se necesita que los seres humanos trabajen juntos como especie, no divididos como países con nada en común, una de sus potencia mundiales decide que no es momento de cooperar, de unificar esfuerzos, de hacerle frente juntos a un enemigo mortal: el COVID-19. Las implicaciones que esto traerá para el mundo y para la humanidad serán terribles.

Y en medio de este contexto global, mi ídolo, mi inspiración, mi filántropa, mi activista, mi gurú, mi actriz y licenciada favorita cumplió treinta años. Vaya época para cumplir la tercer década de vida. Creo que cuando vemos que gente famosa, rica o pudiente es afectada en circunstancias similares que la gente desconocida, pobre o sin influencias es cuando de verdad reflexionamos sobre la situación del mundo. Es decir, muchas veces nos vemos en una burbuja, no tenemos más perspectiva que la nuestra y, sin dinero y sin fama, muchas veces nos vemos como las víctimas de nuestras propias historias y somos tan egocéntricos que nos decimos, y terminamos creyendo, que nadie la pasa peor que nosotros. Era la cereza del pastel que le faltaba a la bomba atómica de mi vida para explotar. Las primeras tres semanas de la cuarentena estuve muy tranquila, incluso optimista; me puse a hacer yoga, leer, sentía que estaba construyendo la mejor versión de mí misma. Hace una semana y media entre en una situación de hartazgo, desesperanza y estancamiento apabullante; empecé a investigar cómo iban los procesos de la vacuna contra el COVID-19 y al ver que, siendo optimistas, estarán listas hasta el próximo año... no supe qué sentía; empezar a racionalizar que no tenemos idea de qué está sucediendo, nadie tiene respuestas, sólo planes a plazos indefinidos. 

La situación del mundo pudo conmigo. Creo que lo único que nos queda es esperar que la situación mejore, que logremos establecer la meditación adecuada para que nos adaptemos al encierro como nuestra nueva forma de vida de manera indefinida. No es fácil, lo sé. Los momentos en que querremos llorar, gritar, romper, dormir, maldecir... serán muchos. Benditos los que en esta cuarentena podamos tener sexo. Mis condolencias para los que no. No hay un plan, y si lo hay los poderosos no lo van a compartir con simples mortales como nosotros. Quiero dejarles el siguiente mensaje: si la libran, si termina la pandemia y salimos bien parados, no sean las mismas personas que eran antes de esta crisis. Tampoco sean una persona completamente diferente. Entiendan el mensaje del mundo. El mundo y la naturaleza, no necesita al ser humano, somos indispensables; nosotros necesitamos del mundo. En cualquier momento la Madre Tierra nos puede exterminar si así lo desea. Mi deseo es que, a pesar de las crisis internas que seguramente todos viviremos (sí, incluso Emma Watson), esta crisis sea un parteaguas de lo que fue y de lo que tiene que ser el mundo a partir de ahora.

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