Tiene bastante tiempo que no escribo en mi blog. En parte se debe a un proceso largo de aletargamiento donde no sabía en qué lugar me encontraba; muchas cosas han cambiando, siguen cambiando y no sé bien cuál es mi lugar. Hay muchas cosas que han mejorado considerablemente: he aprendido a tener rutinas de auto cuidado; hábitos saludables para mi mente, mi cuerpo y mi alma; me he acercado más a Dios gracias a la tecnología. Descubrí YouVersion, una app para traer la Biblia en el bolsillo; también escucho el podcast de Layla de la Garza que se llama «Notas con Dios»; en YouTube escucho el evangelio todas las mañanas en el canal «Oraciones en Vídeo»; y hay una aplicación muy interesante sobre la vida de Jesucristo que se llama «The Chosen». El yoga se ha vuelto parte vital de mi día a día. Literalmente no puedo pasar una semana sin al menos haber tomado una clase de yoga. Me ha cambiado la vida a tal grado que he considerado convertirme en maestra, aunque no tengo la flexibilidad que tienen la mayoría de los maestros y no sé si eso pueda ser un impedimento. Además estoy tomando terapia psicológica individual y en pareja. Entonces para mí las cosas van bien; sin embargo, volteo a ver lo que Omar llama «realidad» y estamos abatidos, endeudados; mi universidad está embargada y secuestrada; mi hermana con un embarazo de alto riesgo; mi cuñado vive el duelo de la muerte de su papá; mi mamá con diabetes y a punto de ser operada de las cervicales; mi papá a punto de la bancarrota y con un pie en el abismo, a punto de perderlo todo.
Suena ilógico que en el momento en el que más me he acercado a Dios, más problemas aparezcan a mi alrededor, en mi familia y en mi vida. No me quejo simplemente me parece curioso. Pero creo que me pone a pensar que los tiempos de Dios son perfectos, son cíclicos. Cuando yo llegué al mundo, en 1995, mis abuelos paternos cayeron en la bancarrota; mi abuelo materno falleció de cáncer en la garganta; llegué al mundo cuando mis papás vivían un duelo: mi mamá la muerte de su papá y mi papá el fin de la vida como la conocía. Y después tuvieron una época (de aproximadamente diez años) en la que trabajaron, trabajaron, trabajaron y después tanto trabajo rindió sus frutos; aunque no lo pudieron disfrutar mucho porque tan sólo unos años después vendría su divorcio. Después de su divorcio pasaron otros diez años en los que, a jalones y estirones - y, al menos de mi parte, con yoga, con terapia y a través de la escritura- en los que sanamos las heridas de esa separación. Algunas siguen en proceso de sanar. Y ahora que estamos fuertes (o eso quiero creer) se viene una nueva etapa. Se siente. Y es que no es sólo que sea una cosa la que esté a punto de caerse de su pedestal. Son todas. Todos los miembros de mi familia primaria están en una situación que cambiará sus vidas, probablemente para siempre.
¿Y qué hay de mí? No he cambiado mucho de como estaba a finales de 2018, cuando inicié este blog. Sigo sin terminar una carrera universitaria, no tengo trabajo, no genero mis propios ingresos, no he entrado al mundo adulto real. Sigo estancada; por eso mencioné al principio este proceso de «aletargamiento». Me acomodé demasiado en la idea de que mi papá u Omar se harían cargo de mí para siempre. Les otorgué esa responsabilidad. Les otorgué ese poder sobre mi vida. Y ahora me doy cuenta que no debí hacerlo. Y por eso el título de este blog es «las cosas que no movemos nosotros, las mueve Dios». La relación en la que no debemos estar, el trabajo que no debemos tener, las amistades de las que nos tenemos que alejar. Ahora entiendo que es difícil renunciar a todo lo que tenemos, a todo lo que nos ha brindado comodidad y estatus, a todo lo que ha alimentado a nuestro ego herido, a todo lo que nos da el 'reconocimiento' que queremos recibir; pero también entiendo que si nosotros no lo quitamos de nuestro camino, Dios lo quitará tarde o temprano por el simple hecho que Él es Nuestro Padre y tiene potestad sobre nosotros. Él es el Señor del Universo y en eso creo fielmente. Y, como lo dije en mi oración de hoy, hay cosas que se tienen que mover que quizás a nosotros no nos gusten pero que son la Voluntad de Dios. Y si se tienen que mover, ni modo.
Pienso en los grandes personajes de la Biblia: por ejemplo, Moisés. Dios le dijo que ya no tenía que tener su vida de lujos, que ya no podía relacionarse con la corte del faraón, que esa vida representaba un pecado. Pecar contra Dios. Y me imagino que a Moisés debió dolerle con todo su corazón porque a final de cuentas era humano y quería a Ramsés, era su hermano. Y él tuvo que renunciar a su vida de lujos, a su vida cómoda y segura en el palacio para seguir la Voluntad de Dios. Y se fueron al desierto y sufrieron hambre, frío, incertidumbre, enfermedades y otras desgracias que ni siquiera me imagino. Muchos de ellos querían abandonar a Moisés. Querían regresar con los egipcios. Querían regresar a una vida de idolatría y pecado. No les importaba Dios, querían la comodidad y la seguridad del dinero del Imperio Egipcio. Y siento que me convertí en esas personas que seguían a Moisés más por el morbo que por la convicción. Quiero estar cerca de Dios y quiero estar cerca del pecado. Quiero orar y escuchar el Evangelio todos los días pero quiero seguir con una persona que no cree en Dios, quiero juntarme con personas que me incitan a pecar y quiero cometer pecados más grandes con la justificación de que es por dinero.
Creo firmemente que el dinero no es malo. El dinero es una herramienta que tenemos que saber usar en este mundo capitalista. Lo que pienso que es que la manera de conseguirlo tiene que seguir nuestro código de ética, nuestro conjunto de valores para que todo tenga un sentido correcto. Hacer las cosas con el corazón correcto y alineado, en mi caso, a las enseñanzas de Jesucristo. El atún es una industria millonaria a nivel mundial, ¿pero a qué costo? Las miles de muertes marinas y la destrucción en la que estamos dejando este planeta. La pornografía es otra industria millonaria, ¿pero a qué costo? Trata de personas, explotación sexual, violaciones y esclavitud sexual. El narcotráfico es otra industria millonaria, ¿pero a qué costo? Miles, si no es que millones de asesinatos de periodistas, balas pérdidas, trabajadores, víctimas y otros cárteles. Y así podría hablar de muchísimas industrias como los hidrocarburos (daño al medio ambiente), comida rápida (daño para la salud), cosméticos (maltrato animal), belleza (baja autoestima y depresión). No se trata de hacer las cosas porque dan dinero. Se trata de hacer las cosas porque te representan, porque te dan valor, porque representan quién eres y cómo quieres ser recordado.
El versículo que me llevo de este blog es lo que Jesucristo le rezó a DIOS cuando sabía que lo que venía era inevitable. Como probablemente lo que venga para mí en este momento sea inevitable. A pesar del miedo, de la angustia, de saber todo lo que le esperaba y que lo tenía que pasar porque era la Voluntad de DIOS, Jesús le pidió en la oración: «Padre mío, si es posible, haz que pase de mí esta copa. Pero que no sea como yo lo quiero, sino como lo quieres tú» (Mt 26:39). Eso es lo que en este momento pido a Dios, es la sintonía con la que vibro, es mi manera de acercarme a Dios y de sentirme conectada con Jesucristo. Gracias por mover todo lo que es dañino y malo para nosotros y que, muchas veces, somos incapaces de mover. Gracias, Dios, por mover todo lo que no es bueno ni de beneficio para nuestra vida. Grandes cambios traen grandes sacrificios y grandes recompensas. Dios pone pruebas muy duras y no queda más que superarlas con amor y con humor, como diría mi gurú Durga Stef.
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