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¡Feliz cumpleaños, Cesarín!

Hoy es el cumpleaños de mi hermano. Desgraciadamente no pude estar con él debido a mis compromisos escolares. Tengo 23 años, y mi hermano apenas cumplió 3; así es, le llevó 20 años. Es bastante, y seguramente en unos años me verá más como tía que como hermana. Sin embargo, no me frustra el llevarle tantos años, al contrario, me alegra ser lo suficiente mayor para guardar todos los recuerdos de su crecimiento. Además, a pesar de la abismal diferencia de edades, congeniamos demasiado bien. Si no me creen, aquí está el post que le dedique en mi instagram por su cumpleaños: https://www.instagram.com/p/BouCWzDB44A/?taken-by=karinaperezana 

Hay un dicho que dice: “es increíble como día a día, nada cambia; pero cuando miras atrás, todo es diferente.” Me gusta demasiado porque es verdad. Y me ha pasado tanto en mi vida, que bien podría enumerar mil ejemplos. En fin, hace casi cuatro años, cuando nos enteramos de que tendríamos un hermano mi primera reacción fue llorar de tristeza. ¿Por qué lloraría y odiaría a un bebé que no pidió nacer, que no sabe a qué familia va a llegar y que no tiene culpa de nada? No lo sé, fue irracional, fue uno de esos momentos en la vida en el cual no piensas, sólo sientes.
Y yo sentí mucho. Sentí que era el final de la vida como la conocía, la llegada de un nuevo hermano implicaba que, efectivamente, mi familia como la conocía jamás volvería a ser igual. No lo quería, no quería un nuevo hermano. Me bastaba con mi hermana, mi mejor amiga, la única persona que siempre había (y sigue estando) para mí siempre que la he necesitado. Me llegó el sentimiento, me llegó el dolor. También me sentí traicionada por mi papá, ¿para qué quería un nuevo hijo? Sí, eran celos. No quería compartir a mi papá con otro hermano, y menos que no fuera hijo/a de mi mamá. Así fue, con casi 20 años, como todos esos sentimientos infantiles, inmaduros, que mostraban la falta de amor propio, se apoderaron de mí.
Acepté el embarazo de mi madrastra, ya que no había nada que yo pudiera hacer para evitar lo inevitable (el nacimiento de mi hermano). Si ya estaba mal nada más con saber que mi madrastra estaba embarazada, no querrán saber cómo me puse cuando me enteré que era varón. Mi papá sólo tenía dos hijas, mi hermana y yo; pero se había quedado con ganas de tener un hijo hombre. Y le llegó, y a mí casi me da el patatus. Los celos empeoraron. Aceptaba la situación de dientes para fuera; pero por dentro seguía llorando y no aceptaba ni puta madre. No quería tener un hermano, no quería que llegara Octubre, no quería que mi vida cambiara.
Y llegó Octubre. Recuerdo perfecto que iba ir a la fiesta de XV años de Leslie, la prima de mi novio. Y todo se canceló de último minuto porque mi madrastra entró en labor de parto. Mi papá nos mandó traer para que llegáramos a su nacimiento; a mí de Puebla, y a mi hermana de Baja California Sur. En esa época tenía una roomie y mejor amiga, Francesca, que me acompañó desde Puebla hasta Tula. Llegamos al hospital corriendo, a punto de que se acabara la hora de visita. Gracias a Dios era un hospital privado y no fueron tan duros con nosotros. Cuando llegamos a la habitación lo vimos. Era la cosa más pequeña, indefensa y hermosa de la vida. En ese momento lo amé.
Todo el odio y los celos que pude haber estado sintiendo los meses previos a su llegada desaparecieron cuando mi papá me dejó cargarlo. Fue algo mágico. Era tan pequeño y frágil que temía que lo rompería si no lo cargaba bien. Y así me enamoré de ese pequeño. Mi hermana y yo tuvimos la fortuna de que mi papá y Nayeli (nuestra madrastra) no nos han hecho a un lado, al contrario, nos involucran en todos los aspectos de la vida de nuestro hermano. Y, nosotras, fascinadas por su encanto natural, caemos rendidas a sus encantos. Lo que Cesarín quiera es ley. ¿Quiere jugar veinte mil horas? Jugamos. ¿Quiere que le leamos un cuento? Se lo leemos. ¿Quiere platicar mientras arma rompecabezas? Pues platicamos mientras armamos rompecabezas. 
Cada día estoy más enamorada de mi pequeño hermano. Y yo que creía que no podía haber amor tan grande y tan puro, que equivocada estaba. Y ahora sigo llorando y rezándole a Dios, pero de alegría, para que lo proteja, lo cuide, para ser un buen ejemplo en su vida y pueda guiarlo para que se convierta en un hombre de bien. Mi pequeño hermano, la sorpresa más inesperada que me mandó la vida, eres una de las personas que más amo. Y, hoy en día, la razón más grande de mi felicidad. Gracias por existir, ¡feliz tercer cumpleaños!
Recuperado de Tumblr (09 de Octubre del 2018) 


Que Dios los bendiga hoy, mañana y siempre.

Les mando mi amor infinito a donde quiera que se encuentren,
xx

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