Este fin de semana tenía planeado visitar a mis hermanos en Querétaro, para concretar la visita hablé con mi papá; con su tono frío y duro de siempre me invitó a regañadientes a San Miguel de Allende. Como es costumbre cada que hablo con él, lloro. Lloro porque me duele cómo es conmigo, lloro porque no puedo contener el dolor de todo lo que se me viene a la mente cuando pienso en él, lloro porque me afecta que le valgo mandarinas a mi propio padre, lloro porque no sé cuál es la fórmula para llegar a quererme si mi progenitor ni siquiera tolera contestarme el teléfono; lloré y lloré mucho, y no sé si esto le ha pasado a alguien (supongo que sí) pero tengo casi veinticuatro años y no pienso dejar que su indiferencia me siga afectando así que decidí escribirle una carta (que aún no sé si le voy a a entregar) pero aquí le voy expresar todo lo que algún día quise decirle y no tuve el valor.
Papá:
Te escribo esta carta porque estoy a punto de cumplir veinticuatro años y tengo que dejar de victimizarme, tengo que hacerme responsable de mí misma y dejar que las heridas del pasado sanen. Así que quiero que sepas que te perdono por habernos abandonado e irte de la casa, te culpé -junto con mi mamá- durante muchos años por la separación de mi familia; hoy como adulta me doy cuenta que a veces las cosas no funcionan con tu pareja por más que te esfuerces y es mejor separarse en lugar de seguirse dañando. Te perdono por haberme separado de mi hermana, mi mejor amiga, mi compañera de juegos; esa separación nos cambió por completo, nos moldeó, separó nuestros caminos, nuestras ideologías y nuestro lazo de hermandad; no sabes lo mucho que sufría en la secundaria cuando veía a mi hermana y no nos hablábamos y sabía que tampoco la vería en casa. Te perdono por no haber sido un buen ejemplo a seguir durante mis años de adolescencia en los que tú, recién divorciado, te dedicabas a salir de antro o a hacer fiestas con tus amigos; te perdono porque al final de cuentas cada quien elige su camino y yo logré salir del alcoholismo. Te perdono por no haberte preocupado por nosotros lo suficiente en nuestra adolescencia sabiendo que teníamos una madre depresiva-agresiva con trastorno bipolar y un padre adicto al trabajo y ausente; te perdono porque tanto mi hermana como yo cometimos errores porque no teníamos una guía sólida en nuestro camino. Te perdono por habernos hecho partícipes de tu relación con tu amante; te perdono porque en el pecado llevamos la penitencia y a final de cuentas ella no formó su familia en el lugar en el que rompió un hogar. Te perdono por haber sido un padre adicto al trabajo que no le dedicó el tiempo suficiente a mi hermana; a fin de cuentas Jessica es una adulta autosuficiente y tú has cumplido tus sueños laborales. Te perdono por no conocerme y por la nula relación que tenemos, a final de cuentas después del divorcio cada quien hizo vínculos con el progenitor que le era más cercano. No te voy a decir que te perdono por haber formado una segunda familia, primeramente porque Cesarín es lo mejor que pudo pasarme y en segundo lugar porque todos continuamos con nuestra vida. Sin embargo, te perdono por no defendernos cuando tu esposa nos ha insultado; te perdono cuando nos has tratado como una obra de caridad en lugar de tus hijas, por ejemplo, dándonos dinero a escondidas; te perdono por las veces en que le has dado lugar, físico y emocional, a otras personas en lugar de a nosotras. Tienes más de una década de ser un padre ausente para mí y para mi hermana, y ni hablar de mi hermano César, quien está creciendo solo y recibiendo amor de Dalila y de Jessica. No quiere decir que hayas sido malo, terrible, que no agradezca todo lo que nos has dado: casa, universidad, viajes, celulares; simplemente quiere decir que has aprendido a sustituir el amor, el tiempo y la dedicación con cosas materiales, y por todo eso también te perdono. Es muy tarde para mí y para mi hermana que somos adultas jóvenes; es nuestro momento de madurar, crecer y aprender con nuestros propios errores; el tiempo es lo único que no regresa, podemos comprar más cosas, pero no más tiempo. Para el futuro bienestar de mis hermanos, César y Alexander, te pido que reflexiones lo siguiente: dar dinero no es dar amor sino todo lo contrario; el dinero ayuda, sí; el dinero permite una vida de lujos y comodidades, sí; pero el dinero no es sinónimo de amor. Dales amor, dales tiempo, dales todo eso que ellos necesitan y necesitarán el día de mañana. No los trates como si fueran una obra de caridad porque, ¿cómo es posible que un niño o niña aprenda a amarse a sí mismo si siente que su progenitor no le ama?
xx
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