Acabo de leer las entradas de mi blog y estoy sumamente feliz de corroborar que las cosas en la universidad van de maravilla, que haberme cambiado de carrera fue la mejor decisión que pude haber tomado; que he trabajado a mí y aunque he tenido tropiezos la mayor parte son avances hacia mi libertad espiritual y mi amor propio. Sí, en estos últimos meses han surgido las dudas de si padezco algún trastorno de la personalidad (mi temor personal es el trastorno bipolar) para lo cual empezaré a ver a un psiquiatra recomendado por un tía que es psicóloga. Estuve en Querétaro por un mes y aproveché para pasar tiempo con mi familia y mejorar la relación entre nosotros; también fui al dermatólogo, al otorrinolaringólogo, al oftalmólogo y hasta hice cita con mi ginecólogo, de paso. Son pequeños pasos, pero van enfocados a cuidar mi persona, cuidar mi entorno y a mejorar mis relaciones interpersonales con las personas a mi alrededor.
Casualmente, mientras yo siento que todo va de maravilla con la versión 2.0 de mi persona, la muerte ha rondado mi alrededor últimamente. Primero, la inesperada muerte de Cameron Boyce. Yo creo que esta muerte golpeó a millones de personas en el mundo por la juventud y la popularidad de Cameron; especialmente para todos aquellos que lo vimos crecer a través de sus personajes en Disney y Son Como Niños. A mí me golpeó aún más duro saber que su muerte se debió a una crisis epiléptica. Es algo duro de asimilar, especialmente cuando tienes la edad de Cameron y también padeces epilepsia. Hace unos días, una de las mejores amigas de mi mamá también falleció. Aunque ella no padecía epilepsia, sí tuvo una crisis convulsiva días antes de su muerte. Mi mamá dice que no se recuperó de esa crisis y que su cuerpo ya estaba muy débil. Y finalmente, ayer me enteré que ocho familiares de mi novio fallecieron en un accidente automovilístico rumbo a Oaxaca.
No sé cómo poner en palabras todos los sentimientos que se me vienen a la mente al pensar en esta situación. La muerte. El fin. Y es que este tipo de situaciones ponen todo en perspectiva. Es irónico pero la muerte nos hace valorar más la vida. Y no sólo la vida, sino las oportunidades, el aquí y el ahora. Hoy estamos, mañana quién sabe. Puede ser un accidente automovilístico, una crisis epiléptica, un balazo, un infarto, simplemente irse a dormir y no amanecer. Casi toda la vida damos por sentado que vamos a despertar y ese es el origen de una frase que mi madre tanto odia: "mañana lo hago, mañana lo termino, mañana lo cambio..." Sin darnos cuenta de que el mañana no está asegurado. Que nuestra oportunidad para ser mejor persona, para seguir un sueño, para perdonar, para emprender un negocio, para decirle al que amas que lo amas... Es hoy.
La muerte es un proceso de dolor agudo, no de tristeza, no de angustia, no de pena. La muerte de un ser querido es uno de los dolores del alma. Cortar con tu novio, divorciarte, pelearte con un amigo/familiar son causa de tristeza, pero la muerte... La muerte es un dolor del que uno sólo sale con muchos pantalones y con mucho esfuerzo. Porque no sólo te duele que la persona ya no esté, sino que tienes que aceptar y vivir con el hecho de que nunca más vas a escuchar su voz, nunca más te va a dar un abrazo, nunca más sabrás qué es lo que él/ella piensa sobre un proyecto tuyo, nunca podrás sentirlo otra vez. Su presencia será etérea.
Durante las celebraciones del 10 de mayo, la familia de mi mamá se fracturó duramente por un pleito que hubo por unos malentendidos y malos tratos. Siendo Flores y de mecha corta, las cosas terminaron en palabras hirientes e incluso golpes. Las cosas estaban muy muy mal, con posibilidad casi nula de que se arreglaran. Y, como lo mencioné arriba, la muerte pone todo en perspectiva. Mi mamá que juraba que nunca más iba a volver a hablar con sus hermanos, tuvo la valentía de abrir un grupo de WhatsApp y hablar con su familia por primera vez desde el pleito. A mí me pareció un gran paso. Pedir disculpas es el camino hacia el perdón.
Durante el verano me di cuenta que estoy bien en la escuela, corroboré que puedo cumplir con los objetivos que me propongo y analicé que dejé el standup porque a mi novio no le gustaba. Y me di cuenta de que eso estaba mal. La vida es demasiado corta, se nos puede ir en un segundo. No estamos para estar al contentillo de lo que le parece a la gente, el famosísimo 'qué dirán'. El ver los casos de todas estas personas que fallecieron y que nadie se lo esperaba sólo me hace tener una respuesta para todo: 'qué digan misa'. En serio, que la gente diga misa. Tú haz lo que te haga feliz, haz lo que te apasione, lo que te haga vibrar, lo que te haga mejor persona y te ayude a dejarle un mensaje de positivismo a este mundo. Que al final de tus días tu vida no haya sido en vano, que tu vida y tu obra impacte a las personas a tu alrededor. Por eso, con esta mentalidad nueva y renovada, he decidido que voy a regresar al standup; ya no traigo la eterna pregunta en mi mente de si fue adecuado volver a empezar de cero a los 22 años. Ahora creo que en la vida podemos y tenemos que empezar desde cero a diferentes edades. Y las personas felices son las que se atreven a hacerlo, sin importar la edad.
Lo único que realmente tenemos es tiempo. Y a pesar de eso, tampoco lo tenemos asegurado.
xx
Casualmente, mientras yo siento que todo va de maravilla con la versión 2.0 de mi persona, la muerte ha rondado mi alrededor últimamente. Primero, la inesperada muerte de Cameron Boyce. Yo creo que esta muerte golpeó a millones de personas en el mundo por la juventud y la popularidad de Cameron; especialmente para todos aquellos que lo vimos crecer a través de sus personajes en Disney y Son Como Niños. A mí me golpeó aún más duro saber que su muerte se debió a una crisis epiléptica. Es algo duro de asimilar, especialmente cuando tienes la edad de Cameron y también padeces epilepsia. Hace unos días, una de las mejores amigas de mi mamá también falleció. Aunque ella no padecía epilepsia, sí tuvo una crisis convulsiva días antes de su muerte. Mi mamá dice que no se recuperó de esa crisis y que su cuerpo ya estaba muy débil. Y finalmente, ayer me enteré que ocho familiares de mi novio fallecieron en un accidente automovilístico rumbo a Oaxaca.
No sé cómo poner en palabras todos los sentimientos que se me vienen a la mente al pensar en esta situación. La muerte. El fin. Y es que este tipo de situaciones ponen todo en perspectiva. Es irónico pero la muerte nos hace valorar más la vida. Y no sólo la vida, sino las oportunidades, el aquí y el ahora. Hoy estamos, mañana quién sabe. Puede ser un accidente automovilístico, una crisis epiléptica, un balazo, un infarto, simplemente irse a dormir y no amanecer. Casi toda la vida damos por sentado que vamos a despertar y ese es el origen de una frase que mi madre tanto odia: "mañana lo hago, mañana lo termino, mañana lo cambio..." Sin darnos cuenta de que el mañana no está asegurado. Que nuestra oportunidad para ser mejor persona, para seguir un sueño, para perdonar, para emprender un negocio, para decirle al que amas que lo amas... Es hoy.
La muerte es un proceso de dolor agudo, no de tristeza, no de angustia, no de pena. La muerte de un ser querido es uno de los dolores del alma. Cortar con tu novio, divorciarte, pelearte con un amigo/familiar son causa de tristeza, pero la muerte... La muerte es un dolor del que uno sólo sale con muchos pantalones y con mucho esfuerzo. Porque no sólo te duele que la persona ya no esté, sino que tienes que aceptar y vivir con el hecho de que nunca más vas a escuchar su voz, nunca más te va a dar un abrazo, nunca más sabrás qué es lo que él/ella piensa sobre un proyecto tuyo, nunca podrás sentirlo otra vez. Su presencia será etérea.
Durante las celebraciones del 10 de mayo, la familia de mi mamá se fracturó duramente por un pleito que hubo por unos malentendidos y malos tratos. Siendo Flores y de mecha corta, las cosas terminaron en palabras hirientes e incluso golpes. Las cosas estaban muy muy mal, con posibilidad casi nula de que se arreglaran. Y, como lo mencioné arriba, la muerte pone todo en perspectiva. Mi mamá que juraba que nunca más iba a volver a hablar con sus hermanos, tuvo la valentía de abrir un grupo de WhatsApp y hablar con su familia por primera vez desde el pleito. A mí me pareció un gran paso. Pedir disculpas es el camino hacia el perdón.
Durante el verano me di cuenta que estoy bien en la escuela, corroboré que puedo cumplir con los objetivos que me propongo y analicé que dejé el standup porque a mi novio no le gustaba. Y me di cuenta de que eso estaba mal. La vida es demasiado corta, se nos puede ir en un segundo. No estamos para estar al contentillo de lo que le parece a la gente, el famosísimo 'qué dirán'. El ver los casos de todas estas personas que fallecieron y que nadie se lo esperaba sólo me hace tener una respuesta para todo: 'qué digan misa'. En serio, que la gente diga misa. Tú haz lo que te haga feliz, haz lo que te apasione, lo que te haga vibrar, lo que te haga mejor persona y te ayude a dejarle un mensaje de positivismo a este mundo. Que al final de tus días tu vida no haya sido en vano, que tu vida y tu obra impacte a las personas a tu alrededor. Por eso, con esta mentalidad nueva y renovada, he decidido que voy a regresar al standup; ya no traigo la eterna pregunta en mi mente de si fue adecuado volver a empezar de cero a los 22 años. Ahora creo que en la vida podemos y tenemos que empezar desde cero a diferentes edades. Y las personas felices son las que se atreven a hacerlo, sin importar la edad.
Lo único que realmente tenemos es tiempo. Y a pesar de eso, tampoco lo tenemos asegurado.
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